lunes, 4 de junio de 2007

En la tiendita de la esquina

En diversas ocasiones, en la tiendita de la esquina, se juntaba un circulo de intelectuales bolilleros a hablar de cosas triviales y de leve importancia. Las pláticas eran desde la política económica del Lic. Fox hasta la el existencialismo de Emmanuel Kant. Los bolilleros acostumbraban llegar a este lugar a descansar por unos momentos después de haber recorrido varias colonias y de gritar “iiiilllllOOOOOOOOO” y “Pan de ‘lcEEEEEEE”. El trabajo del bolillero es realmente arduo y cansado, es una suma de esfuerzos increíble... ¡admirables los bolilleros!

En una de esas ocasiones (y después de haber observado por mucho tiempo), Satanás decidió acercarse a charlar amenamente con aquel grupo de bolilleros. Eran tantas sus ansias que decidió por fin tener un acercamiento en plan de amistad con los mortales. Satanás se acercó en forma de un novato bolillero.

- ¿Qué tal?- dijo el falso bolillero -¿cómo les ha ido?
- ¡Bien, compañero, gracias a Dios!

El Diablo sintió punzadas en el pecho al escuchar aquel cliché.

- Eres nuevo por aquí, ¿verdad? No te habíamos visto por estos lares.
- ¡Si, así es!- dijo el diabólico bolillero - ¿Me regalan un alita?
- ¡Ora! Allí hay una chibola, si quieres.
-
El Diablo estaba feliz. Estaba siendo aceptado en un circulo de amigos intelectuales. ¡Convivía con ellos! ¡Realmente estaba feliz!. Era un día de los pocos que tiene el Diablo para disfrutar de la felicidad, de la amistad, de la charla, de los amigos.

- Hoy hablemos de Dios...- dijo el bolillero mas viejo.
- Estamos de acuerdo...- dijeron los demás bolilleros.

Las miradas voltearon a ver al nuevo y diabólico bolillero esperando en él un consentimiento y una aceptación del tema de charla.

El Diablo se fue a pregonar sus panes y no regreso más a la tiendita de la esquina a platicar con aquel grupo de intelectuales bolilleros.

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