lunes, 4 de junio de 2007

En la clase de español

Estaba sentadito en mi pupitre tomando mi clasecita de español con mi maestrita Sarita. Nos enseño los sinónimos. La maestrita empezó a dictarnos unas palabritas a las cuales teníamos que buscarle otra. Un sinónimo.

Frente a mí estaba sentada la maestrita. Para mí era inmensa verla con sus larguitas y delgaditas piernas. Desde donde estaba sentadito me parecía verla como en sueñito llamando mi nombrecito: “Satanacito... Satanacito... ven a mí... quiero darte un besito”. Pero, estaba lastimándome la cosita esa que tengo entre mis piernitas. Mas de repente sentí que ya no aguantaba, que iba a hacerme pipí de la emoción. Me lo arranqué...

Lo tenía en la mano, estaba frío, cercenado e inmóvil... lo tenía en la manita y la maestrita me volteó a ver cuando tenia la cosita en mi mano. Sonrió con esa sonrisita de metal que tiene.

Me moría de la penita.

La maestra Sarita se levantó del escritorio... “¿Qué pasa, Satanacito? ¿Qué tienes en tu manita?”

- Nada...
- A ver... que tiene ese pequeño diablillo en sus manitas
- No tengo nada, maestra, solo mugre y plastilina.
- A ver... enséñame tus manitas, Satanacito.
- ¡NO!

La maestra Sarita se enojo.

- ¡Satanás, enséñame lo que tienes en las manos!
- Pero... maestra...
- ¡Satanás! ¡en este momento!

Se lo enseñe, le enseñé mi cosita. Me moría de la penita.

- ¡Te lo arrancaste!- grito la maestra.
- Si... el cierre me lastimaba y me lo arranqué del pantalón.

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