martes, 12 de junio de 2007

En el lugar donde nadie sabe que se realiza un carnaval

Nada que ver con los majestuosos carnavales de Minatitlán, o de Mazatlán, el de Veracruz, el de Nueva Orleans, el de Venecia o el de Río de Janeiro. Este era un carnaval único, en un lugar que nadie conocía, donde nadie sabia que se hiciera un carnaval, donde los habitantes de esta villa lo realizan con los principios del verdadero carnaval: el desahogo y el frenesí, la locura y la perversión tomados de la mano. Solo las máscaras eran lo que ocultaban la identidad de todas las personas, de los habitantes desconocidos en esas fechas. El deseo corría y se estampaba en todas las paredes, hombres con mujeres y viceversa, mujeres con mujeres, hombres con hombres, humanos con animales y viceversa, humanos con bicicletas, etcétera.

Este era el requisito fundamental: la máscara, no de las que criticaba Octavio Paz... no. Esta era un tipo especial de máscara hecha con piel de cadáveres humanos, algo parecida a las que usa Lecter: realmente algo original para una máscara de carnaval.

Satanás se acerco acechando aquella orgía con música, alcohol, sexo. En el Infierno (ya lo hemos platicado antes) no hay nada: solo aburrición. En la tierra esta lo divino, en el cielo: lo impensable. Satanás sabía que la tierra tiene placeres de todo clase, y divagando por el sub-suelo se topo con este lugar impensable y divino. Por supuesto que le llamo la atención, y, ¡por supuesto!, se acerco a mezclarse en esa ensalada de lujuria.

¡Era tanto el frenesí! ¡no lo podía creer! ¡tomaba una mujer, tomaba otra, en el suelo... la bicicleta... una cabra, en una montañita humana, la cadenita, el trenecito... oral, de boca en boca, de miembro en miembro, de piernas en piernas... le agarraban un cuerno, le agarraban los dos... metía y sacaba mano... con la televisión, con la bailarina exótica, con el mesero, con el rubio que dirigía la orquesta... con todos, con nadie, solo! ¡Ríos de alcohol, cientos de cigarros cubanos, kilos de mota, miles de grapas y toneladas de Viagra!.

El resultado fue fatal para el Diablo: embarazado, una terrible cruda, dolores en todo el cuerpo, la cara y espalda desgarradas, desvelado, sucio, guacareado, pegajoso, golpeado, una terrible sed, un chupetón en el cuello, una mordida en una nalga... y un miembro hinchado de Viagra que no iba a dormir en mucho tiempo.

No hay comentarios: