- ¡Pokemón! ¡Pokemón!
- ¡Vaya fastidio!- pensé.
Mis hijos sintonizaron el televisor en el canal 5, y empezaron a quedarse inmóviles, asombrados de las luces y de las piruetas que realizaban los monos de colores. Era increíble... todo el día, lo único que uno como adulto quiere es descansar, reposar después de un arduo día de trabajo... mas sin embargo, al regresar a la casa, me topé con una serie de ruidos que me mantienen sonámbulo todo el día en mi humilde hogar. Los niños en una casa siempre serán un caso especial.
Pero ya estaba harto, ya no soportaba ver como mis hijos se idiotizaban ante tal descaro de mercadotecnia y publicidad yanqui-japonesa. Harto de que los tenía que separar cada vez que se peleaban Pikachu y Riachu. Harto de las estúpidas bromas que me contaban mis hijos y que aprendían de los personajes antagónicos pseudocomediantes de baja estofa. Estaba harto de todo.
Me senté con ellos a ver la tele y a ver el circo de luces y colores de los Pokemón. Fue entonces que lo invoqué... invoqué a al Diablo, le pedí que se apareciera en el momento, que apareciera repentinamente...
- ¿Me llamabas?
- Pues... si, realmente... necesito que desaparezcas a alguien.
- ¡Claro! ¿a quién?
- A ellos...- señale al televisor.
- ¡Pokemón!- grito Satanás lleno de júbilo.
Estaba que me llevaba la chingada. Estaba sentado en la sala del televisor frente al aparato, viendo Pokemón con mis hijos... y con el Diablo fanático de las series animadas del canal 5.
lunes, 4 de junio de 2007
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