martes, 12 de junio de 2007
En el inicio de un talk-show
Satanás decía todo este discurso al empezar su talk-show transmitido desde la cadena infernal HELL-TV. Este programa era el de principal rating y el sostén vinculado al gran consorcio televisivo: era visto por mas de 20,000 millones de televidentes en todo el mundo en sus cinco continentes. Satanás era la estrella del momento: encima de Rocío por mas de 30 puntos.
México (en donde en alguna ocasión se criticó a este tipo de programas por su fuerte temática), ahora era la plataforma de lanzamiento para seudo-personajes de calaña urbana y “extras” de televisión llevados a los paneles por el desempleo de un régimen raquítico en ideas. Ahora la moral de aquel tiempo desapareció de repente al ver la cantidad de dólares que los anunciantes dejaban en las arcas de los empresarios televisivos y la enajenación que sedaba a la población en tiempos de “salida”.
En esta ocasión toda estaba listo: iluminadores, camarógrafos, público, ingenieros de audio, equipo de producción, el master-team, hasta Satanás mismo... pero existía un pequeño problema: no había tema. No había algo que conversar, no había panelistas, no había controversia, no existía la polémica, el morbo... a tan solo 10 minutos de empezar la transmisión (obviamente, el programa era en vivo, o como dicen los gachupines: en directo). Satanás sudaba por el nerviosismo, por la irresponsabilidad, por el descuido de no tener un tema justamente antes de empezar el programa, aunado a esto, los reflectores chorreaban un incandescente calor sobre los asistentes dentro del foro.
El programa comenzó...
Debido al calor que generaba el ambiente y a la falta de un tema, se mató un pájaro de dos tiros: se colocó un enorme ventilador en el panel frente al público para ventilar el foro y nos dispusimos a conocer la inexplicable vida de un aparato electrodoméstico gigante.
En la cantina
Ya tarde, como a las 3:00 de la mañana, un inesperado inquilino de todos nosotros se apareció por la puerta: ¡Era el Diablo! ¡el Diablo en persona estaba en una cantina de Minatitlán! ¡Maldita sea! ¡Me estaba orinando del miedo! ¡Cruz! ¡Cruz! ¡que se vaya el Diablo y que venga Jesús!. Todos en la cantina estábamos estupefactos, los que pudieron salieron corriendo, los demás se escondían, las meseras se quedaron mudas, los que estaban tomados se les bajo de volada... yo, finalmente me oriné.
- Buenas noches- dijo el Diablo.
Silencio. Satanás comprendió que nadie le iba a ofrecer nada. Solo se dispuso a sentarse en la mesa cuatro y pidió con una seca voz:
- ¿Me traen una cerveza, por favor?
No recuerdo quien le llevó la cerveza que Satanás había pedido. Pero por si las dudas el dueño, quien estaba en la barra, dio órdenes de que le dejaran los cartones de medias que quedaban. Todos lo estábamos mirando asombrados de tenerlo en Mina y en una cantina “maleconera”.
Estuvo sentado por mucho rato, dando sorbos pequeños a la cerveza. Todos (incluyendo al dueño, al barman y las meseras) fuimos saliendo sigilosamente hacia nuestras respectivas casas y dejamos a aquel ente del mal solo.
Es por eso que nadie, ni yo que estuve ahí, ni siquiera los que se lo pregunten, han visto jamás al Diablo ebrio
En la prensa
La cita era a las 9:00 de la mañana en la calle Fco. Glez. Bocanegra, donde iba a inaugurar unas banquetas eléctricas que facilitarían a los vecinos el subir y bajar por esa pesada loma: era una obra post-modernista que con gran ilusión habían contribuido los vecinos. Después iría a la Col. Exaeropuerto a inaugurar un domo que cubría toda la colonia: así evitarían los calores que ahí se sufren porque además el domo estaría climatizado. Visitaría las oficinas de la nueva refinería ecológica que extraía escarabajos del suelo para refinar sus excrementos y convertirlos en combustible. Daría una conferencia en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de Mina) y visitaría las comunidades afectadas por el huracán Tiburcio. Una gran gama de actividades debería cubrir el mandatario mexicano.
La prensa, lógico, iba estar presente en todos los eventos oficiales. La radio, la televisión por cable y estatal, los periódicos locales y regionales, y el infaltable Sotavento estaban haciendo una gran cobertura de todos los actos en donde el presidente estaba. Había un centenar de periodistas, así también estaban un centenar de agentes del Estado Mayor cuidando el frente y las espaldas del mandatario. Era un forcejeo increíble entre todos para poder estar cerca del presidente, preguntarle cosas, grabar sus opiniones, grabar las imágenes y tomar la foto... pero todo en franca pelea entre compatriotas del sistema y de la prensa.
Satanás estaba al pendiente de los asuntos de México. Le gustaba nuestro país, le agradaban los tacos, la cerveza, el tequila, las mujeres, los hombres, los homosexuales y la carne del guajolote en diciembre. También le gustaba la prensa: el cuarto de poder, entrevistar, tomarse la foto con los principales personalidades en materia de política, espectáculos, deporte, ambientalistas, etc. Esta era su oportunidad. Satanás se disfrazó de periodista.
- ¡Sr. Presidente! ¡Sr. Presidente! ¿me vendería usted su alma?
Los golpes y el arresto de los oficiales del prepotente Estado Mayor Presidencial no se hicieron esperar. Satanás jamás regreso a México a realizar una entrevista.
En la farándula
- ¡Kelasio, Babas, AZ, Nicolasito y Horacio D.! ¡¡¡AAAAAHHHHHHH!!!
Ni cuando vino Bronco estuvo tan repleto, menos con la Rockola, y ni se diga del Rolling TV. Era una impresionante masa femenina, con ciudadanas de las vecinas comunidades de Chinameca, Nanchital, Hidalgotitlán, Cosoleacaque, Jáltipan, Acayucan, Coatzacoalcos, Ixhuatlán del Sureste, Las Choapas, Agua Dulce, Oluta, Zaragoza, entre otras. Todo el sur de Veracruz estaba presente. Toda la crema y nata de la sociedad. Fue un gran esfuerzo traer a estos chicos desde el otro lado...
Las luces se apagaron. Los gritos no se hicieron esperar: ¡mas de medio millón de almas se unieron al unísono! De repente.... la cortina se abrió. Los gritos se elevaron al cielo... ¡ahí estaban todos, completitos! ¡Las 459,568 mujeres no lo podían creer! ¡Eran ellos! ¡Los Chavos de la Calle de Atrás!
- ¡Hellooooooooo, Minatitlán! ¡Hellooooooo, México!- gritó AZ.
- ¡I can’t fuckin’ believe it!- pensaba Kelasio.
- ¡Motherfucker!- dijo en voz baja Nicolasito.
- ¡Oh, man! I’m excited to be here- dijo el Babas agarrándose la ingle.
- ¡Let’s gonna fuck them! ¡I want theirs pussys!- gritó Horacio D.
Al ritmo de uno de sus grandes éxitos empezó la noche a florear. Los besos, los alaridos, los brassieres, las tangas, los deseos y las lágrimas empezaron a lanzarse hacia el escenario donde los cuerpos de Los Chavos de Atrás bailaban. Las niñas estaban idiotizadas, los homosexuales soñados, los machistas molestos, los paleteros y los que venden cacahuates estaban haciendo su agosto. Pero eso no era todo...
El “Diablo” Andrade representaba a estos chicos. Si recuerdan eran más de medio millón de almas las que estaban presentes. Las canciones tenían un mensaje subliminal que exhortaba a los presentes a que vendieran su alma. Este era un gran negocio. Un negocio del Diablo. Medio millón de almas para él.
En el lavadero
Dos comadres chismeaban en la azotehuela de un vulgar edificio que tenia pintada una Coca Cola en uno de sus costados. Era una época de verano con un sol excelente para poder lavar la ropa que se había acumulado durante la semana, un viento suave y frío para no sudar como un cansado y fatigado forastero, un mediodía excelente para chismear, para bañarse con la manguera en el patio, para echar la hueva, para escribir las breves reflexiones con el Diablo... un domingo de esos que gustan.
- ¡Comadre, que le cuento!
- ¡Dígame, comadrita! ¿qué le sucedió?
- ¡Pos no mas que agarré a mi viejo con la fichera del 6! ¡estaban aquí en la azotea haciendo sus cochinadas!- dijo la comadre entre triste y enojada.
- ¿Y que hizo, comadre?
- ¡Nada, me escondí detrás de los tinacos!
- ¡Comadre! ¡Pobrecita de usted! ¿qué le dijo a su marido?
- Nada, no le hablo desde esa vez que lo agarre. Pero esa maldita bruja me las va a pagar: le voy a hacer brujería.
- ¡Ay, comadre, no diga eso! ¡esas son cosas del Diablo!
- ¡No me importa comadre! ¡Esa pinche vieja me las va a pagar!
La comadre estaba realmente molesta. Después de un tormentoso matrimonio de 25 años... ¿que se podía esperar del marido infiel? ¿Qué se podía esperar de la bella prostituta que vivía en el 6? ¿Qué se podía esperar de una esposa fodonga y chismosa que chantajea? ¿Qué esperan ustedes?.
La comadre estaba haciendo su brujería, (en realidad en su vida había realizado un hechizo... ¡jamás hubo necesidad!). Había comprado un libro en el cual venían lo que parecían unos hechizos muy antiguos, algunos de ellos totalmente indescriptibles... El libro venia en un extraño lenguaje, no era zapoteca, azteca o ingles gavacho-pocho. Era un lenguaje antiguo.
Al leer aquel extraño libro e invocar las palabras de sus páginas, no sucedió nada... la bella prostituta seguía en el 6, su marido seguía con la prostituta... pero el Diablo de apareció y mato de un susto a la comadre.
¡Hasta que te encuentro, Mi querido Diario!- y el Diablo se marchó feliz.
En el lugar donde nadie sabe que se realiza un carnaval
Este era el requisito fundamental: la máscara, no de las que criticaba Octavio Paz... no. Esta era un tipo especial de máscara hecha con piel de cadáveres humanos, algo parecida a las que usa Lecter: realmente algo original para una máscara de carnaval.
Satanás se acerco acechando aquella orgía con música, alcohol, sexo. En el Infierno (ya lo hemos platicado antes) no hay nada: solo aburrición. En la tierra esta lo divino, en el cielo: lo impensable. Satanás sabía que la tierra tiene placeres de todo clase, y divagando por el sub-suelo se topo con este lugar impensable y divino. Por supuesto que le llamo la atención, y, ¡por supuesto!, se acerco a mezclarse en esa ensalada de lujuria.
¡Era tanto el frenesí! ¡no lo podía creer! ¡tomaba una mujer, tomaba otra, en el suelo... la bicicleta... una cabra, en una montañita humana, la cadenita, el trenecito... oral, de boca en boca, de miembro en miembro, de piernas en piernas... le agarraban un cuerno, le agarraban los dos... metía y sacaba mano... con la televisión, con la bailarina exótica, con el mesero, con el rubio que dirigía la orquesta... con todos, con nadie, solo! ¡Ríos de alcohol, cientos de cigarros cubanos, kilos de mota, miles de grapas y toneladas de Viagra!.
El resultado fue fatal para el Diablo: embarazado, una terrible cruda, dolores en todo el cuerpo, la cara y espalda desgarradas, desvelado, sucio, guacareado, pegajoso, golpeado, una terrible sed, un chupetón en el cuello, una mordida en una nalga... y un miembro hinchado de Viagra que no iba a dormir en mucho tiempo.
En el proceso de adelgazamiento
Viendo la tele, Satanás vio un gracioso y orgulloso producto que encapsula los alimentos gracias a una fibra natural que encierra las grasas y hace que el cuerpo las deseche naturalmente, es decir: defecar grasita.
Desgraciadamente no había posibilidades de que la entrega a domicilio se realizara al Infierno, ya que cuando Satanás hablaba y daba sus datos, simplemente le colgaban pensando que era un bromista más haciendo burla del producto. Además de que no contaba con los recursos económicos necesarios para poder ir a Sanborn’s (esta temporada estuvo realmente jodida).
En la Hell’s Kitchen (como es mas ampliamente conocida), Satanás tenia una repisa con productos de limpieza realmente buenos, entre ellos un líquido destapacaños efectivo y muy oportuno para casos de fregaderos y WC’s tapados. Aunque este no encapsula los objetos extraños que tapan las tuberías, Satanás pensó que seria una sustancia con la cual se podría sustituir al producto orgulloso y gracioso aquel.
Equivocado, completamente equivocado su concepto e idea.
Satanás no era un nutriólogo experto, mucho menos aficionado, de hecho no sabía nada con respecto a dietas o a productos diseñados para adelgazar. Al cierre de esta historia, Satanás todavía estaba sumido en lo mas profundo del enojo y la impotencia, arrepintiéndose de la naturaleza de su ignorancia. Aunque aquel producto era eficiente y con un dulce sabor a azufre, en la taza del baño Satanás tiene 6 siglos arrepentido.