martes, 12 de junio de 2007

En el averno con Dalí

Una inmaculada concepción de tonos y figuras alucinantes... ¿LSD, quizá?, Con las pinturas de Dalí adornando los pasillos de la mente, todo es posible. Eres extraño al caminar y quisquilloso al hablar. Las piernas y la lengua se te traban: te quieres jalar las barbas de la inconciencia, pero no puedes ni siquiera jalarte los bigotes plegadizos que esconden tus delfines flotantes...

Con triángulos y rectángulos te veo callada al fondo del cuadro, de la figura mas cuadrada posible eres la más perfecta. Tus colores son psicodélicos. Eres un cubo de varios lados y una cuarta dimensión clara, porque la veo con tu sonrisa de cuadritos.

- ¡Ah, que bonitas son las noche con Dalí en el Averno!- pensaba el Diablo.
- También me gusta estar con usted.
- Todas estas obras hay que ponerlas en un museo.

En el Infierno no había museo alguno aún. En realidad era un laberinto eterno en donde las almas vagan por sus pasillos callados, sin gemir. Era la redundancia el castigo aquel en donde dar vueltas era lo menos impensable, era una aburrición total, eterna. Pasar por paredes y paredes y paredes vacías insolubles a los años. El castigo: el pesar de los siglos. Una ironía total: cuando estamos vivos queremos conservarnos siempre, intactos con los días, ser eternos jóvenes, sin saber que la eternidad sería nuestro pesar mas horrible. Sin saber que significa ser eterno.

Al cabo de un tiempo, El Diablo decidió hacer una exposición entre los pasillos del laberinto de la larga caminata. Los cuadros y fotografías estarían colgados de las inmensas paredes para hacer menos tedioso el paseo interminable aquél. El arte de Dalí, único en su clase y prestigio, podría ser la distracción que necesitaran las almas en el Averno para sentirse más seguras de sí mismas. El impresionismo, el cubismo, el dadaísmo y la extravagancia sugestiva del pintor catalán, sería el punto clave para la auto superación en contra de la confusión, la repetitividad, el cinismo. Lo gris de los muros se tornarían en una fragancia cálida, en un himen hermoso y puro. Una inspiración para seguir adelante o atrás o a la derecha o a la izquierda.

Lo único que hacían falta eran clavos.

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